«Básicamente, estamos intentando contener el océano». Quien habla así es Michael Peterson, arqueólogo estadounidense volcado en buscar caminos para detener la erosión de los acantilados de la costa norte de California.

Peterson, que trabaja en el parque nacional Redwood, describe un inquietante panorama de erráticas y violentas tormentas que generan enormes olas que revuelven y arrastran la tierra de los riscos con los que chocan.

Y el océano no sólo arrastra sedimentos. Si no se pone remedio, también puede acabar arrastrando los restos arqueológicos de un pueblo de la nación Tolowa Dee-ni’ y, entre ellos, restos humanos.

«Como comunidad nativa no queremos que nuestros ancestros sean perturbados en sus lugares de descanso», le dice a BBC Mundo Suntayea Steinruck, miembro de la nación Tolowa Dee-ni’ y funcionaria de la oficina de preservación del patrimonio tribal. «Nosotros honramos a nuestro pueblo y estamos viendo cómo la actividad humana está afectando nuestros lugares de descanso», lamenta.

El lugar al que se refiere la representante Tolowa se llama Shin-yvslh-sri~ (Summer Place en inglés) y se encuentra en pleno parque nacional Redwood. Desde sus distintos roles, Steinruck y Peterson comparten la preocupación por el estado del yacimiento arqueológico y también la pasión y el esmero por evitar su deterioro.

Restos expuestos

«Agua, viento y gravedad» son tres elementos que están cambiando el paisaje de esta zona del estado de California, apunta Peterson en conversación con BBC Mundo. «En toda la zona de la costa occidental, bajando hasta América del Sur, surgieron asentamientos humanos», explica el arqueólogo. «Los humanos generalmente se congregan donde es más fácil recolectar alimentos y los recursos del mar son muy nutritivos», agrega.

Desde hace casi 10 años, Peterson monitorea la zona sur de Crescent City en el parque nacional Redwood. Fotografía a fotografía, puede decir que desde 2007 se ha perdido casi un metro de sedimento.

«Hacemos muchas consultas con la nación Tolowa Dee-ni’ y otros expertos sobre qué hacer con la erosión del material, intentamos protegerlo reduciendo el impacto de los visitantes y aumentando la cantidad de vegetación. Para ello plantamos flora que sujete mejor el terreno, como fibra de yute o fresas salvajes», señala.

Sin embargo, Peterson manifiesta que la falta de financiación suficiente limita los avances que puede conseguir el parque nacional.

En cuanto a los restos arqueológicos del pueblo Tolowa, Peterson indica que una prioridad es evitar que los objetos queden expuestos a los efectos del viento, el agua y la gravedad que pueden terminar por barrerlos.

Aumento de visitantes

La actividad humana también juega un papel destacado. «La gente no se da cuenta de que esos recursos están ahí y caminan sobre ellos y los exponen aún más», explica Peterson.

«Los parques nacionales reciben cada vez más y más visitantes que adoran la naturaleza pero a veces se salen de los caminos marcados o de las zonas designadas para acampar y esto tiene un impacto en las superficie. Intentamos definir caminos y áreas de acampada y hacemos mucho monitoreo; si alguien se lleva un objeto puede ser acusado de un delito y se enfrenta a una posible multa o tiempo en prisión», añade.

El problema no es sólo el saqueo de objetos. Suntayea Steinruck cuenta conmocionada el caso de un hombre que se dirigió a un guardabosques del parque para decirle que tenía restos humanos en su auto. «Tengo esto y creo que se lo tengo que entregar a alguien», confesó el visitante.

Los Tolowa

La nación Tolowa Dee-ni’ está presente en el norte de California y el sur de Oregón y actualmente cuenta con 1.800 miembros. El pueblo Summer Place estuvo habitado por los Tolowa hasta principios del siglo XX. Según cuenta Michael Peterson, todavía quedan parientes vivos de algunos de sus residentes.

«Era un lugar donde la gente acudía para pescar eperlano del Pacífico, se secaba el pescado al sol en la playa y servía como alimento por mucho tiempo», relata Suntayea Steinruck. «Hasta hoy es un punto de reunión, aunque con los cambios en el sedimento y la temperatura del agua, ya no hay la misma cantidad de peces», suma.

Efectos del cambio climático

«En distintas épocas y por distintas razones ha habido cambios en el clima, ahora también los tenemos», expone Michael Peterson. El arqueólogo subraya que, en el caso de la erosión de los acantilados de Redwood, las fuertes tormentas son las principales responsables.

«En los últimos 10 años hay más tormentas erráticas y más fuertes, crean grandes olas que llegan además después de períodos muy secos con lo que hay mucho sedimento. Son olas enormes que de repente chocan con el acantilado y la superficie se moja de golpe, esto produce una erosión más rápida que si fueran lluvias constantes», indica.

La familia de Suntayea Steinruck también notó esta diferencia. «Mis padres cuentan que hace 40 años se sabía que la temporada de lluvias empezaba en octubre y duraba hasta marzo-abril, era más consistente, tenían 5-6 días de lluvia o incluso una o dos semanas. Ahora llueve fuerte un día y para, hace calor y después vuelve a llover fuerte, no estamos acostumbrados a ese tipo de lluvia», sostiene.

¿Perderse en el océano?

Ambos coinciden en la dificultad de contener al océano. La solución pasa por plantar muchos árboles, crear caminos claros por los que puedan pasear los visitantes y supervisar constantemente la evolución del fenómeno.

¿Hay riesgo de que las olas y el viento arrastren todos los restos de Summer Place? «Sí, ese es el verdadero temor», responde Steinruck.

«En nuestra comunidad y en la oficina de patrimonio trabajamos con el miedo real de que los restos de nuestros ancestros rueden hacia el océano y sean barridos. Damos prioridad a la preservación de aquellas zonas, especialmente los lugares de descanso de nuestro pueblo. Protegemos a nuestros ancestros, aquellos que vinieron antes de nosotros, es nuestra prioridad», subraya.

Avatar
About Author

admin

PHP Code Snippets Powered By : XYZScripts.com